Le exploté los globos. Vi un payaso, y lo vestí de etiqueta. Le puse una corbata color café y unas medias de tela fina con tonos oscuros. Le dije que en la vida hace falta más de esto que de lo otro. Y se echó a llorar. Le dije que llorar es de niños, pero continuó entre lágrimas. Le dije que llorar es de niñas, pero siguió sollozando. Le compré un carro de cero millaje, capota retráctil y aros que brillan como las prendas que luego le compré. Le compré un televisor en donde la vida se ve más viva y con colores más reales. Le puse una tarjeta liviana en su bolsillo derecho y ahora su pantalón pesa más que todo el oro que cabe en sus manos. Le compré un trabajo que le paga por hacer poco. Le pagué dinero. Le compré comida de platos pequeños y grandes cuentas. Le regalé una cuenta con dinero. Le compré una esposa que no es payasa pero que se ve preciosa junto a la ventana y al lado del carro que le compré. Le compré una historia que aportó un pasado más interesante que sus payaserías. Le compré un futuro que es más largo, un celular que es más pequeño, unos zapatos color cocodrilo, una estufa que cocina, una cocinera que cuida a su niño que compré con ojos blancos y pelo suavecito. Le di la llave de un avión que lo lleva al barco donde hecha a la mar las cosas que no le hacen falta que yo le compré. Le compré, y ahora es mío. Es mi payaso que siempre quise. Lo tengo acostumbrado a correr bicicletas de dos comas, a no pintarse la cara, a no apretarse la nariz que ya no tiene roja, a combinar colores en su ropa, a tener el pelo de un solo color, a ignorar a los otros payasos, y a no mirar otra cosa que no sea lo que yo le compré.
Por el cielo se ve una esfera llenita de un aire liviano que lleva consigo una cola que baila en el viento. Solo me queda todo lo que compré.
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Aquel era un día lluvioso. Yo estaba sentado bajo la parada de guaguas en la que muchas veces observaba a la luna ganar la batalla contra los rayos del sol. Pero ese día era diferente; no había sol ni luna, solo lluvia. Nubes, también habían nubes. La gente pasaba evitando el agua. Los niños pasaban evitando la mano de los adultos que intentaban hacerlos evitar el agua. Los carros cortaban despacio aquella cortina de líquido del cielo. Y todo iba lento por culpa de los charcos de agua. Pues no se si sabes, pero el tiempo siempre se ve borroso cuando se mira su reflejo en jugo de altura. "Las bicicletas son el medio perfecto para atravesar un aguacero". Al menos eso es lo que siempre me contaba Richard, que llegaba con una línea de fango tatuada en su espalda cada vez que el cielo decidía enviarnos transparentes recuerdos de cantitos de frío, y él decidía atravesarlos con su "motora de pedales". Rosa alzaba sus manos para atrapar las gotas. Decía que "no hay regalo mas perfecto que pedazos de sed saciada". Nunca estuve más de acuerdo. Eloy cantaba, no porque amara cantar, sino porque amaba las canciones bajo un aguacero ya que: "no solo las ballenas pueden hacer musiquita bajo el agua". Cada cual tiene su propio ritual en la lluvia. Algunos bailan, ríen, cantan, piensan, recuerdan...
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Ritmos rompen en la orilla de lo incierto,
se hace espuma mensajera de las musas.
Letras cuelan su sonido entre mis dedos,
cuerdas tañen mil palabras, cero excusas.
Roca flota en flama suelo sol que arena
besa el verso bailarín del contratiempo.
La ola fuerte sopla viento hacia mi vela,
mueve mi alma, merma miedo, bate fuego.
Fuerza firme la marea que tu anuencia
baña acordes entre estrofas sentimientos.
Dueto en cuerdas, alma en dúo, sola esencia.
Somos solos. (De uno y otro). Complementos.
Elementos que traduces no encantusas.
Todo usas y haces, busco y en ti encuentro.
Eres tu la mensajera de mis musas,
Son tus ritmos los que rompen en mi adentro.
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Aquí me encuentro, despierto, saboreando el rico aroma de la mañana. Iluminado por naranja, rojo y amarillo. Empapado con sabores que se inhalan de algún árbol que a lo lejos impulsó su aroma propio que llego hasta mi suspiro. Se convirtió en mi suspiro. Hoy respire un árbol, lo hice mio. Y él me hizo rama que se arropa con el viento. Me hizo hoja iluminada con la vida que se vive si el sol brilla. Me hizo brillo. Y así me riego por la vida buscando las sombras de este día que se creen que aun es de noche. Yo las despierto. Las acaricio lentamente y canto la suave melodía de este día. Porque los días tienen distintas melodías. Despierto a esas sombras lentas que no saben que la noche ya paso de moda. ¡Levántense de prisa! Como la prisa que la brisa lleva cargando en su mochila de caricias. Porque la brisa nació con caricias, y cuando pasó alrededor de mis mejillas me regalo una. Y me hizo viento. Pero no vuelo por los aires como otras brisas que si se han ido. Sino que floto entre pulmones de aquella gente que no han vendido; que no han despertado. Porque abrir los ojos es vender tus pupilas. Hoy las mías fueron compradas por la belleza de la mañana. Pero tú sigues dormida.
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Soy aleatoriamente memorioso. Es decir, tengo una preciosa y espléndida habilidad de memorizar. Habilidad que no responde, para nada, a mis intereses personales. Hay una división en mi capacidad de controlar mi mente y en la capacidad de retener información y sentimientos. Así que, no importa lo mucho que mi corazón aumente en revoluciones cada vez que te vea, si a mi caprichosa mente no le da la gana, la próxima vez que te encuentre de frente no recordaré tu nombre. Y es esta la mayor de las maldiciones a la hora de demostrarle a la gente a mi alrededor que en realidad sí me importan. Porque todos relacionan la cantidad de cosas que recuerdas sobre ellos con la cantidad de importancia que le das.
Y en parte tienen razón, porque ¿Cómo se puede amar algo que no se lleva en la mente? Pero la verdadera pregunta que te hago es: ¿Realmente crees que es tu nombre lo que provoca los giros en mis adentros?
Todo esto me llevó a hacer pensar en mi defectuosa y descoñetada mente. Mi cerebro no funciona como la mayoría de sus otros colegas cerebros. Son pocas cosas a las que a mi antojadiza mente le da la gana retener, y son esas, las que otras personas pensarán que son totalmente insignificantes; imágenes de una puerta en la niñez, una carretera en la esquina con veinte casas a la distancia, un precioso cuadro de una escena religiosa en la casa de mi abuela, una pintura hecha con aerosol en una pared antigua, un comentario de una maestra que nunca se me olvida, cómo me sentí cuando aprendí la importancia de la primera persona en un escrito, una escena de ancianos, un rostro dormido en un barco hacia Culebra, un árbol solitario en una montaña a lo lejos, un árbol muy cerca en una montaña resbaladiza, el sabor de una fresa silvestre, dos puntos dibujados en un papel de libreta, una libreta con olor a pasado, una piel reflejando el sol, un recuerdo de un recuerdo en un precioso lugar ya olvidado, y un aguacero de lluvia tan pura que aún se escuchan saltando las gotas. Es que cuando vivo, vivo con la mirada hacia al frente pero con la consciencia rebotando a través del tiempo, de espacios, de momentos y lugares.
Mientras tú escuchas las palabras que salen de la boca de aquel que te habla y las guardas en tu mente, yo escucho mil voces que gritan a su modo provocando mil ecos que se confunden entre sí. Escucho la risa que cantan tus labios. Me hablan tus ojos tan tiernos que miran el rastro de tus propias manos, manos que cambian el ritmo del aire, aire que impulsa tu aroma que le habla directo a mis adentros. Escucho todos los silencios que colocas entre cada idea y cada palabra. Respiro a tu ritmo, te escucho, te siento y te vivo. ¿Cómo tener espacio para guardar tu nombre, si tengo cada uno de los efectos que le haces a mi mundo ocupando todo mi ser?
Y es que cuando te pienso, preciosa, no es tu nombre lo que llega a mi mente, sino todo lo que representa. Y eso, afortunadamente, mi mente y mi corazón (con todo y sus revoluciones causadas por ti) las tienen guardadas aquí, conmigo, adentro.
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Te faltan tantas vidas para llegar a lo que soy, pero...
Al mismo tiempo estás en un nivel tan elevado que no puedo creer el deseo de libertad que me urge al ver alas. Vuelas en libertades que nunca experimentaré. Te mueves por espacios multiplicados en cantidades irreales. Ves tu verdad que no es mi verdad pero para nada es menos real de lo que percibo. Tu tiempo es tiempo de imágenes sin velocidad, por eso las cosas de este mundo difícilmente te alcanzan. Mi vida se rige por astros que narran los años de mi historia pero tu historia es una vida narrada en minutos. Minutos, segundos y tu tiempo, lamento haberlos detenido a todos con mi colección de letras y líneas.
...ya estás un paso más adelante.
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Sentado, viviendo frases sonoras de mentes virtuosas del pasado. Mentes inmortales pero inexistentes. El aire se llena de vibras musicales y tiempos cambiantes.
Hay un murmullo a mi lado. Es un crujido pequeño, un rose entre carbón aglomerado y una idea preconcebida sobre la estética siendo plasmada en papel. Inspiración y luego ritmo.
Miro de reojo, como intentando disimular este impulso innato de amar el arte. Y ahí te encuentras escondida en la cortina de tus cabellos, traduciendo la música que escuchamos en un precioso dibujo que se materializa ante tus ojos y ante los míos. Doble ración de impulsos creativos... la música le dio arte a tu dibujo y tu arte le dio vida a estas palabras que nacen por ti.
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Porque pareces imposible. Eres como un cuento de ficción. He escuchado lo
que dicen: “No hay nada gratis en este mundo”, y es por eso. Es por eso que la
gente siempre termina viéndote con otros ojos. Porque no parece cierto que algo
tan precioso, en tantos sentidos, pueda dar tanto sin esperar nada a cambio.
Entonces, cuando se hace imposible creer en la idea de que exista un ser tan
inigualable, una hermosa persona que está dispuesta a correr el riesgo de ser
ella misma, un espíritu tan aventurero, tan maduro, y al mismo tiempo tan
juguetón, lo único que resta es imaginar que lo haces por amor. Y no están
equivocados, pues amor es todo lo que brota de tus poros. Pero ese amor esta
envuelto en tu inigualable y creativa mente. Mente que anda viajando por
lugares tan remotos, tan extrañamente ajenos a la mayoría de los seres de este
mundo, mundo de infinitas posibilidades. Posibilidades que tú sí puedes
percibir, que tú si puedes ver y vivir. Con solo mirar a tu alrededor ya te das
cuenta de esa hermosa historia que se narra día a día y a cada segundo. Y así
me envuelves.
El tiempo da pausa. Y a la distancia el agua cayendo se hace murmullo de
sentimientos. ¿El tiempo sigue? Alguien que sepa que me diga, ya no lo siento.
Pasan segundos, algunos dicen. ¿Es cierto que pasan? Aún ni me entero. Estoy
inmerso en el sonido de esa voz tuya, mezclada en ruidos de la distancia y en
las aguas de aquella fuente que sigue inmóvil a nuestra espalda. Aquí tan cerca,
como a dos pasos de nuestros cuerpos, se muestra una escena de amor tan puro,
tan duradero. Todos miramos, y yo imagino
que en el futro sea tan fuerte lo que se viva que sea la vida así de bella.
El día sigue y yo contigo. La noche abraza con luna llena aquel rastro azul
del cielo. Ya casi se acaba, y en mi interior, ya yo no quiero. No quiero
quedarme en el silencio que sugiere llegar a casa y pensarte a lo lejos. Por
eso aguardo, pensando en nada y sintiendo todo.
Pero es por eso, porque tus ser, sin pedir nada cambio, se hace música entre
los ruidos indistinguibles de este mundo de infinitas posibilidades.
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