Contumacia
Oigo lo que le da la gana a mis sentidos. Cuando conviertes lo que llega a tu mente en sonido yo lo transformo. Es que tengo esta nociva manía de intoxicar la matemática de una conversación. Al sumarle lo que dices al casi imperceptible, pero certero, movimiento de tus cejas, restarle veracidad con el brillo de tus ojos y multiplicar tu expresión al producto de la leve curva que se cuela entre tus labios, termino escuchando y creyéndome cosas que ni has dicho, ni sientes, ni sentirás, ni has sentido. Es como si mi cuerpo y alma conspiraran incansablemente para permanecer en constante estado de irrealidad. O puede ser que mi mente alcance tales niveles de creatividad que, lo estrictamente ligado a lo "posible", no le es suficiente. Lo más probable sea que siempre he sido un soñador que confunde lo que encontró con lo que busca, como si un sonido tuviese más significado para mí cuando resuena justo en los tonos de los cuales están adictos mis oídos.
Igual no importa, ya he aprendido la lección... ¡la verdad no!, pero darme cuenta que ya estoy adornando con mis propios colores esa obra tuya que no es mía, es suficiente razón para darle gracias al tiempo por haber hecho parte del trabajo. El resto está en mis manos.
Mientras tanto, continuaré desbordando mis colores y sonidos sin temor justo en frente de tu propia obra, como si contaminara ilusa e inofensivamente tu creatividad con mis más bellos sueños. Y aunque ya no pretendo volver a creerme el cuento que me narran en la cara todos mis sentidos cuando estoy contigo, no me voy a negar la maravillosa experiencia de pasar un segundito más junto a esta inexistente experiencia de estar al fin en paz conmigo mismo.


Anita dijo
Me sorprende el titulo, pero en ocasiones son actitudes que tomamos!!
24 Febrero 2011 | 05:33 PM